¿Quién será el que le rompa el globo a Alfonso?

Editoriales 27 de marzo de 2016 Por
Con la megadevaluación y la quita de retenciones no alcanza, le critican desde las filas del PRO a Prat-Gay, a quien acusan de no haber logrado incentivar la inversión productiva. Frigerio, Melconian y Sturzenegger disparan sobre el ministro.
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Por Raúl Dellatorre-Pagina 12

Pasados los primeros cien días de gestión, al equipo económico ya no le alcanza con echarle la culpa a “la pesada herencia recibida” para alinear detrás de sí a todas las vertientes que confluyen en el espacio de Cambiemos. Cada vez son más frecuentes las críticas que se escuchan, de las propias filas del oficialismo, contra la conducción de la política económica. Algunos en forma reservada (Carlos Melconian, actual presidente del Banco Nación), otros de modo más explícito (Rogelio Frigerio, ministro del Interior y mentor de la consultora Economía & Regiones), y aun aquéllos que van reflejando sus discrepancias en la práctica (Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central), un amplio abanico de funcionarios y referentes económicos del entorno macrista van mostrando sus diferencias y expresando sus puntos de controversia con el manejo de la política económica, a la que empiezan a responsabilizar del alejamiento o, al menos, falta de apoyo más firme de sectores que se consideraban aliados naturales, como la city financiera o el establishment empresario. Inversiones que no llegan, inflación que no cede, dudas sobre un horizonte de recuperación antes de fin de año, un déficit fiscal creciente y que abre cada vez más interrogantes sobre la forma de financiarlo, “corridas” cambiarias, son algunos de los ingredientes del escenario que no se esperaba tener a esta altura, y cuya existencia ya son varias las voces que se la atribuyen al arrogante jefe del Palacio de Hacienda.

“Obviamente hay disputas de ópticas en el Gabinete, hay quienes son más duros en una cosa y otros en otra, (pero) hay una idea muy fuerte de que, pasado el período en el Congreso para la aprobación del acuerdo de pago a los holdouts, allí vamos a estar en el punto de decir: éste es el plan con el que arrancamos”, señaló la siempre prudente canciller Susana Malcorra el pasado 16 de marzo, al final de un encuentro de ministros. El reconocimiento a la existencia de discrepancias quiso ser acompañado con un tono tranquilizador, pero dejó abierta otra cuestión en la que los críticos internos de Prat Gay suelen confluir: esta primera etapa fue la de buscarle la salida al conflicto con los fondos buitre, pero el plan económico todavía no empezó.

Desde Economía & Regiones, la consultora creada por Rogelio Frigerio, lo señalan sin pelos en la lengua. “La devaluación del 60 por ciento y la quita (o baja) de retenciones no alcanzan”, “la competitividad es mucho más que el tipo de cambio”, transcribió en su twitter la consultora E&R el 18 de marzo, remitiendo a un artículo publicado en el portal Infobae ese día, con la firma de su economista jefe, Diego Giacomini, alter ego de Frigerio. En el artículo, el autor toma distancia de quienes, cuestionando el estancamiento económico y la inflación de los últimos años del kirchnerismo, “volvieron a colocar al tipo de cambio en el centro de la discusión económica”. “Según esa visión, la economía no podía producir, exportar ni generar empleo porque se había quedado sin competitividad debido al atraso cambiario; así, la devaluación era propuesta como la piedra fundacional del resurgimiento del nivel de actividad en Argentina”. No es difícil encontrar en las declaraciones de Prat- Gay previas a las elecciones del 25 de octubre, expresiones que lo colocan en esa visión que E&R ahora critica. Pero, por si quedaran dudas de a quién alude, el mismo artículo agrega que “a pesar de que el actual programa económico levantó el cepo, sinceró el tipo de cambio y devolvió competitividad-precio al sector agropecuario y a las economías regionales, el nivel de actividad no resurgirá porque todas las otras variables que inciden en la competitividad, o sea, las expectativas de inflación, expectativas de devaluación, presión tributaria, gasto público, la relación salarios-productividad del trabajo y tasa de interés, están jugando en contra. En otras palabras: la devaluación del 60 por ciento y la quita (o baja) de retenciones no alcanzan para compensar la elevada presión tributaria y la tasa de interés, el desacople entre salarios y productividad, la imposibilidad de seguir financiando el actual nivel de gasto público ni tampoco las fuertes expectativas de inflación”.

El mismo informe de los economistas vinculados a Frigerio pone de manifiesto que “el grdualismo fiscal dificulta la política antiinflacionaria del Banco Central; el mercado tiene dudas de que el actual programa fiscal pueda ser financiado en forma plena en el mercado y a tasas razonables. En consecuencia, contempla la posibilidad de que se tenga que recurrir al financiamiento con emisión monetaria, que descuenta más expectativa de inflación y devaluación”. Y concluye señalando que “el actual combo de política fiscal y política monetaria impide despejar dudas, eliminar la incertidumbre y generar expectativas positivas que alienten la inversión y apuntalen el nivel de actividad en 2016”. Más contundente aún, remata el artículo señalando que en este contexto “en el cual las previsiones no son positivas, el empresario prefiere asumir una postura wait and see (espero y miro), no arriesgar y no invertir, con lo cual la mejora de competitividad por tipo de cambio y quita de retenciones quedó anulada”.

Cuatro días después, Prat Gay tuvo la oportunidad de responder, cuando disertó ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos (AmCham) frente a 1100 empresarios. “Algunos creen que gobernar es hacer un informe semanal”, disparó apuntando a las consultoras, a las que tanto respetaba cuando promovía el esquema de Metas de Inflación desde el Banco Central, basado precisamente en ajustar las variables en función de las expectativas de las mismas consultoras. Tras descalificar al adversario, Prat-Gay dirigió el discurso a su audiencia empresaria, a la que le explicó que “no esperamos resultados extraordinarios en la primera mitad del año, (pero) estamos seguros que en la segunda va a aparecer el crecimiento, va a bajar la inflación y hacia fin de año va a estar la economía ordenada y en crecimiento”, respondiendo así a sus detractores, particularmente los de adentro. Y arriesgó un pronóstico: las medidas tomadas en esta primera etapa de gestión “van a levantar muchísimo el potencial de nuestra economía: Argentina tiene para crecer 10 ó 12 puntos del PBI prácticamente sin esfuerzo”.

Pero para los duros operadores del mercado financiero y cambiario, los números no cierran. La corrida cambiaria de principios de marzo, la falta de respuesta del ingreso de dólares que, se suponía, iba a promover la devaluación, y la lentitud con la que las cerealeras siguen liquidando las exportaciones, marca que prima la desconfianza. Desde las propias filas del gobierno señalan, en privado, las “malas señales” de la gestión de Prat-Gay. Carlos Melconian, desde su rol de titular del Banco Nación, se cuida de expresarlo en público, pero sus allegados se encargan de subrayar las discrepancias del economista con la posición del actual ministro. El virtual “gradualismo” de Prat-Gay, que éste volvió a defender ante el auditorio de la AmCham (“hemos elegido el camino del gradualismo porque es el único posible”), es semejante, según estos críticos, a “la decisión de no hacer las reformas de fondo que son necesarias”. El propio Melconian asumió en público (en un almuerzo en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas) que el gobierno avanza en cambios para superar “la herencia K”, pero no para salir de “la herencia país”; los problemas estructurales que necesitarían de una reforma macroeconómica profunda que aún no comenzó. Como un recorte drástico del gasto público, para empezar.

La suba de tasas para frenar la corrida cambiaria, la dinámica inestable del mercado cambiario y la emisión de más Lebacs para absorber liquidez, le están complicando la tarea a Sturzenegger, opinan cerca de éste. Aseguran que la lectura del problema inflacionario por parte de la conducción monetaria fue la correcta, pero que la política del Palacio de Hacienda “se la puso difícil”. Otra vez, el gradualismo fiscal de Prat-Gay genera cortocircuitos con otro de sus rivales internos, el titular del BCRA.

Entre los referentes económicos del macrismo, muy pocos se preocupan por disimular su pesimismo sobre la marcha del plan económico, si sigue en las mismas manos. La imagen del acuerdo con los buitre “llevando tranquilidad al gobierno” se vende para afuera pero, puertas adentro, cunde el escepticismo. Perciben que las necesidades de financiamiento han crecido aritméticamente, y que “la vuelta a los mercados” ya no alcanza. Entre el cuarteto de referentes económicos del gobierno, hay tres en posición crítica. El cuarto, el ministro en esta etapa, es paradójicamente el único que no pertenece al PRO. Algunos se están ocupando de recordarlo, en estas horas.

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