La CGT del ajuste no puede unir al movimiento obrero

Tu columna 22 de agosto de 2016 Por
El diputado nacional por la provincia de buenos aires por el Frente de Izquierda y militante del Partido Obrero, Néstor Pitrola analizó sobre la unificación de la CGT que se producirá hoy.
nestor pitrola

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Por Néstor Pitrola (*)

El Congreso de hoy de la CGT consagrará un nuevo reparto de la división de la burocracia sindical, en absoluto unidad alguna. Al plenario previo del 5 de agosto no concurrió el 40% de los sindicatos y el acuerdo del otro 60% es en torno a un triunvirato, lo que desde el vamos indica tres fracciones que siguen organizadas y estructuradas como tales, o sea divididas.

El 40% de ausentes, referenciados en Venegas, un agente directo de la Sociedad Rural y de Macri con el sello de las 62 organizaciones, y de un grupo de gremios fuertes referenciados en el PJ disidente de Bossio, indican los límites previos de la movida.

La cuestión del triunvirato debe ser examinada en detalle. Cualquiera de las tres fracciones tendrá poder de veto sobre las otras, por ejemplo, frente a la propuesta de un paro nacional o plan de lucha.
En el pasado reciente, cuando empezó a apretar el ajuste kirchnerista, se produjeron formidables paros nacionales, convocados por sólo una fracción de los sindicatos, incluso minoritaria en términos de afiliados. Recordemos, Caló y los gordos carnerearon todos los paros contra ganancias y por otras reivindicaciones.

Más atrás ocurrió algo similar. En los '90, la ruptura de Moyano, con una minoría de sindicatos, con acompañamiento de la CTA y de movimientos piqueteros, fue un canal de movilizaciones y paros de importancia contra Menem y Cavallo, que canalizaron parte del gran movimiento de lucha posterior al santiagueñazo.

En el triunvirato en ciernes, Barrionuevo ha declarado dos cosas importantes. Que a un gobierno se lo espera dos años y que la nueva CGT servirá para unir al peronismo bajo el liderazgo de Massa. De hecho, dos de los tres triunviros son diputados massistas, Daer y Acuña, uno en lo nacional y el otro por la provincia de Bs As. Moyano a su vez, tiene a su hijo Facundo también como diputado de Massa.

El camionero ha sido también estratégico en torno a la etapa: "El sinceramiento económico es inevitable". Fue el estratega de la "parlamentarización" del reclamo contra los 200 mil despidos de Macri que terminó en el bochorno del veto presidencial a la llamada "ley antidespidos", frente al cual nadie abrió más la boca. Ni para un paro ni en el Parlamento, donde sus representantes políticos y la oposición tenían buen número para insistir contra el veto.

La homeopática devolución de fondos de Obras Sociales, que indexados más que duplican los 29 mil millones depositados en la cuenta del Nación, es sin duda una moneda de cambio de la ostensible "tregua" de la cúpula sindical en su conjunto, al igual que el acompañamiento de los gobernadores a Macri y aún al tarifazo. La caja ordena la coalición del ajuste, incluidos los sindicatos.

Sin embargo sería un error reducir los problemas de la unidad al reparto de la caja; la unidad depende también de la distribución de los "recursos políticos" que están en disputa y por lo tanto la crisis del peronismo sigue siendo el principal factor de dislocamiento de la burocracia. Y eso no tiene arreglo a pesar de las intenciones de Barrionuevo.

Recordemos que también fue desoído cuando propuso "dejar de robar dos años", por si acaso la corrupción se duplicó. En la Cámara de Diputados ya son ¡37! los bloques, mayoritariamente de la diáspora peronista.

Naturalmente, la oportunidad de un paro para descomprimir tensiones y para no quedar tan pegados a un gobierno antiobrero de los pies a la cabeza, que aplica una ofensiva contra la clase obrera en todos los flancos, será evaluada por estos experimentados integrantes de la vieja burocracia sindical.

El documento que se aprobó el 5 de agosto, titulado "De mal en peor", expresa una fuerte crítica a la marcha de la economía y describe un agravamiento de la situación de los trabajadores, pero elude toda definición sobre las medidas de fuerza que se prometían. Será la próxima conducción - dice - la que evaluará "convocar a las acciones gremiales que correspondan". Trillada fórmula para pisar la pelota.

Los ausentes al plenario no descartan la opción de romper y armar un sello disidente. Los acerca el rechazo a "entregarle el movimiento obrero a Massa".

Hasta hoy, las "roscas" estuvieron a la orden del día. Pero no pasa por allí una perspectiva para la clase obrera, cruzada por huelgas petroleras contra los despidos, por huelgas docentes por reapertura de paritarias, por movilizaciones de desocupados y jubilados, por cacerolazos populares.

Sólo un Congreso de Bases, con delegados mandatados por asambleas de todos los sindicatos del país, sin distinción, podría alumbrar una unidad del movimiento obrero. Claro, alrededor de un programa de sus aspiraciones vitales, de un plan de lucha para llevarlas adelante y de un plan económico para que la crisis la pague el capital y no los trabajadores.

(*) Diputado nacional por la provincia de Buenos Aires por el Frente de Izquierda y militante del Partido Obrero.

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