Ni media ni baja, bienvenidos a la nueva clase social argentina: la "un cuarto"

Nacionales 08 de abril de 2019 Por
Pulverización de sectores medios y precariedad, datos de un nuevo libro sobre la crisis argentina.
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(ANSA) - El deterioro económico de los sectores medios en los últimos 40 años en Argentina, dentro de un proceso de despojo que tiene como emergente a un nuevo sector social, la "clase un cuarto", es tratado en un libro de Hugo Muleiro y Vicente Muleiro que se presentará esta semana en Buenos Aires.

La obra "La clase un cuarto. Cómo son y qué piensan los argentinos que conforman la nueva mayoría del país" se realizó sobre la base de estadísticas oficiales como la Encuesta Permanente de Hogares, y también con entrevistas a sociólogos y a unas 48 personas con ingresos bajos o medio bajo. Se trata de habitantes de varias ciudades argentinas, entre ellas, Capital Federal, Córdoba, La Plata, La Rioja, Neuquén, Paraná y San Salvador de Jujuy. "La clase un cuarto define una conformación social surgida de procesos de destrucción de poder adquisitivo y de acceso a bienes", afirmó a ANSA el escritor y periodista Hugo Muleiro.


Ese diagnóstico se remonta a la dictadura cívico-militar de 1976-1983, la más cruenta de la historia argentina, en la que empieza un retroceso económico "muy brusco" que se va extendiendo hasta el presente, prosiguió Muleiro. En el libro, los autores detectan una destrucción socioeconómica que indica que Argentina ya no sería ese país de clase media que ha creído ser, sino de una clase media baja que pelea día a día por la supervivencia, entre vaivenes cotidianos relacionados como la incertidumbre sobre si va a conservar o no el trabajo. Si Argentina fue considerado un país con una amplia y voluminosa clase media hasta comienzos de la década de 1970 del siglo pasado, hay tres momentos históricos, según Muleiro, "que marcan una fuerza de descenso".

Esos períodos son, para el autor, "la dictadura cívico- militar, el menemismo con su liberalización de la economía (la presidencia de Carlos Menem, entre 1989 y 1999), y ahora este período político desde 2015". La semana pasada, entre el nerviosismo por la presión alcista sobre el dólar, el gobierno de Mauricio Macri, que asumió en diciembre de 2015, informó que la pobreza aumentó al 32% en el segundo semestre de 2018 (casi 14,3 millones de personas) y la indigencia se ubicó en el 6,7% (2,7 millones de personas).


Además, la actividad económica ha sufrido una caída del 5,7% mientras se agrava una crisis que combina devaluación del peso, alta inflación y aumento del desempleo. "Si uno asume que una persona que tiene estabilidad laboral y que tiene acceso a bienes y servicios intermedios, una casa razonable aunque no sea propia, acceso a bienes culturales, salud, educación pública o privada, y eso es estable; una alimentación sana en términos de nutrición, uno puede ubicarla en la clase media", aseveró Muleiro. Pero, prosiguió Muleiro, "si esos estándares empiezan a estar amenazados, y se pierden cíclicamente y hay períodos en que una familia los tiene y otros no, ahí nosotros ubicamos a la clase un cuarto".

La pulverización de los sectores medios no sólo tiene que ver, para Muleiro, con los derroteros políticos y económicos de Argentina, sino también con factores mundiales que están marcando, por ejemplo en países Italia, España y Grecia, "procesos de deterioro del Estado de Bienestar que son muy pronunciados y que tienen algunos rasgos que estamos tratando de entender como la precarización laboral". Un rasgo que se destaca en el libro es cómo, ante el incremento de esa precariedad laboral y incertidumbre por los avatares económicos, las respuestas subjetivas asumen formas de resentimientos y odios al otro, así como una defensa de posiciones más punitivistas.

De hecho, en un tramo del libro se destaca cómo algunos sectores precarizados, con contratos temporales y condiciones desventajosas, suelen mirar con recelo, rencor o desprecio a quienes protestan y piden condiciones de estabilidad, así como convenios paritarios y organización sindical. Aunque la llamada "clase un cuarto" se caracteriza por la dispersión, la fragmentación y la heterogeneidad, sí algunos sectores que pertenecen a ese estrato están muy habitados "por fenómenos en cuanto a la competencia con el otro, ven al otro como un adversario, como un peligro", aseguró Muleiro.

En la obra se resalta cómo las condiciones de precariedad "producen un distanciamiento de la pertenencia al conjunto para empujar a un aislamiento defensivo en el núcleo familiar primario y en la propia individualidad". A la luz de las regresivas transformaciones históricas, hay también precisiones sobre el modo en que, en ciertos segmentos de la clase un cuarto, aparece una "inclinación autoritaria", así como la "tolerancia al atropello institucional" o la violación de normas de convivencia democrática.

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