Apuntes para una política de seguridad en Teodelina

Locales 03 de enero de 2019 Por
Por José Luis Gaitán.
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teodelina

Como bien destaca Alberto Binder (2016), nos encontramos en la tercera etapa de un proceso de involucramiento y desarrollo de los gobiernos locales en políticas de seguridad.

Las excusas o delegación de culpas a otras escalas estatales, otrora considerablemente aceptadas, han quedado atrás y la participación activa de los municipios y comunas es un requisito indispensable a la hora de luchar contra la inseguridad, fundamentalmente por la ineludible dimensión local de todo delito y de toda política de seguridad. “Las manifestaciones de la inseguridad son locales y adquieren las particularidades de cada territorio” (Carola Concaro y Agustina Baudino; 2016)

Obviamente hay distintos niveles de responsabilidades y atribuciones que limitan el accionar estatal. Existen crímenes federales (tráfico de armas, trata de personas, narcotráfico) cuya persecución se encuentra dentro de las esferas del gobierno nacional, mientras que las provincias persiguen delitos como robos y agresiones. En este marco, los “gobiernos locales pueden intervenir solo en tratar de prevenir la violencia favoreciendo la cohesión social y un clima de convivencia pacífica” (Martín Appiolaza y Javier Ávila; 2016).

Tras este análisis, la conclusión que nos queda es que, por su particular cercanía y territorialidad, el estado local se encuentra en una posición de privilegio para desarrollar políticas de seguridad que apunten a la prevención.

Para esta misión es necesario cumplir con algunos requisitos y haré mención a los que considero son los dos más importantes. El primero de ellos es un diagnóstico serio y profesional de la situación, que es el resultado de una obtención de información y análisis de la misma. La aplicación de políticas públicas sin el conocimiento necesario es dar manotazos a oscuras (¿la camioneta de la Guardia Urbana se mueve en función de un análisis territorial o solo por instinto?) y puede incluso tener resultados contraproducentes.

El apuro de los gobiernos por resolver situaciones críticas nos ha hecho espectadores de tomas de decisiones resonantes y mediáticas (destitución de comisarios, compra de vehículos policiales y desembarco de autoridades provinciales) que han transformado a esos manotazos a oscuras en, también, manotazos de ahogado que sirven para afrontar el momento delicado en términos políticos (caída de la imagen, reclamos, puebladas), pero no afrontan el problema de fondo al no generar un plan integral, coordinado y a largo plazo.

A la hora de llevar adelante un programa sistémico de ataque a la problemática, pueden reconocerse al menos 3 estrategias de prevención: situacional, social y comunitaria (Sozzo; 2009) las cuales deben relacionarse y complementarse. Esta diversidad de estrategias forma parte de reconocer el carácter complejo y plural de un tema que abarca muchas más aristas que el hecho delictivo aislado.

El segundo de los requisitos necesarios para la implementación de una política de seguridad en un pueblo como Teodelina es la voluntad política de quien se encuentra en funciones ejecutivas. Es ineludible la conducción del referente institucional, legitimado por la voluntad popular para tomar las medidas requeridas, para integrar a la sociedad civil en el proceso de toma de decisiones (leer a Renate Mayntz y aplicar el concepto de gobernanza moderna podría ser un buen primer paso) y para encabezar un cambio de paradigma.

Para esta tan titánica como esencial tarea, presidente comunal, cuenta con las herramientas formales y simbólicas si se decide a encarar de frente el problema, y sin dudas esté seguro que cuenta con el apoyo de este pueblo, si resuelve, que de una vez por todas, se desarrolle una política de seguridad en Teodelina.

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