No tiremos la pelota afuera

Deportes 29 de noviembre de 2018 Por
Por José luis Gaitan.
riverplate

Ríos de tinta se han escrito, horas de radio y televisión ya se han utilizado para opinar y reflexionar sobre el papelón ocurrido en el intento de partido de vuelta entre River y Boca por la final de la Copa Libertadores. Por eso y en tren de colaborar a pensar posibles soluciones a lo acontecido, estos párrafos hablarán más de los diagnósticos escuchados que de lo sucedido en sí.

Voy a hacer foco en dos extendidas frases dichas cientos muchísimas veces durante estos días: A) "Esto es un reflejo de la sociedad" y B) aquella que nos comenta que lo que pasó fue producto de "un grupito de inadaptados". Son éstas, dos oraciones que no solo simplifican los problemas, sino que sirven para lavar culpas y desviar el foco de lo que realmente creo que debemos discutir que es lo que se conoce como "la cultura del fútbol".

Si bien es cierto que en muchos sectores sociales (hablar de "sociedad" como un todo homogéneo del cual se pueden sacar conclusiones tajantes, no creo que sea lo correcto) de nuestro país la violencia y la intolerancia suelen primar y hechos como los ocurridos cuando el colectivo de Boca se dirigía al Monumental acontecen, debemos decir que el fútbol profesional masculino se mueve con autonomía y lógica propia.

El mundo del fútbol profesional masculino de nuestro país es violento, machista, homofóbico, racista y xenófobo. Eso es lo que se avala y se reproduce en función del tan mentado "Folclore del fútbol". Decir que esto es "un reflejo de la sociedad" es no reconocer que ésta es la forma en la que se vive este deporte (y ningún otro) en Argentina.

Una de las canciones más cantadas históricamente por la hinchada de River es "el que no salta es de Bolivia y Paraguay", canciones como "a estos p... les tenemos que ganar" o el constante rechazo al avance de mujeres en el periodismo deportivo o en el arbitraje, o más claramente, el menosprecio que se tiene hacia el fútbol femenino son ejemplos de lo mencionado.

La violencia se ha transformado en una manera de demostrar el amor que un hincha tiene por su club y los actores principales de esa violencia, los barrabravas (delincuentes violentos que actúan en connivencia con dirigentes políticos, sindicales y deportivos), son tan conocidos y reconocidos como los jugadores. A Rafael Di Zeo le piden "selfies" por la calle, es normal que todo un estadio cante versos referidos a hechos de violencia y que tales acontecimientos sean recordados más que los títulos ganados en la cancha.

Dicho esto, el fundamento de que el hecho de tirar piedras a un colectivo con jugadores del equipo rival sea un acto de "un grupo de inadaptados" se cae. En todo caso es un "grupito" de perfectos adaptados, haciendo lo que un sistema violento y corrupto espera que haga alguien que tiene la oportunidad (por las deficiencias de un operativo de seguridad) de lastimar a un rival: lastimarlo, en nombre del fanatismo, de "el aguante", del ganar como sea, del ganar o morir.

Correr la mirada de la forma violenta y corrupta, rodeada de negocios espurios en la que vive, se acepta

y se pregona "el mundo fútbol" buscando en otro lado las causas de lo sucedido, es aceptar que todo siga de la misma manera, es, en términos futbolístico, tirar la pelota afuera.

Te puede interesar