Carlos Fernández: la historia del único desaparecido en Teodelina

Locales 15 de diciembre de 2022 Por Redonline Medios
 “Es importante recuperar lo sucedido con Carlos Fernández y contarlo en Teodelina. La memoria colectiva de los pueblos se construye de las historias que se cuentan y de los valores que estas transmiten”, razona José Luis Gaitán, autor del libro “Carlos Fernández. La historia del único desaparecido en Teodelina”.




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 “Es importante recuperar lo sucedido con Carlos Fernández y contarlo en Teodelina. La memoria colectiva de los pueblos se construye de las historias que se cuentan y de los valores que estas transmiten”, razona José Luis Gaitán, autor del libro “Carlos Fernández. La historia del único desaparecido en Teodelina”.
Gaitán, joven estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Rosario, es oriundo de Teodelina, y cuenta en su libro la historia de Carlos José María Fernández privado ilegítimamente de su libertad en la mañana del 4 de septiembre de 1976 en su lugar de trabajo, la fábrica Coego Hermanos de Teodelina.
“Cerca de las 8.30 cuatro personas vestidas de civil se presentaron como personal de la Coordinación Federal de la Policía Federal Argentina y se llevaron a Fernández de su lugar de trabajo”, relata Gaitán.
Fernández tenía 24 años, esposa y dos hijas, Mariana y Cecilia, de dos años y medio, y cinco meses, respectivamente, en el momento de la desaparición.
“Casi un mes después (de la desaparición forzada), en la madrugada del 25 de septiembre, Carlos fue asesinado en un simulacro de enfrentamiento en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, junto a Juan Alberto Osuna”, describe el escritor.

 

Testigos del secuestro
En su libro Gaitán entrevistó a varios testigos del secuestro de Fernández en la mañana del 4 de septiembre del 76’: “Lo tomaron de ambos brazos, lo despojaron de su vestimenta de trabajo (el delantal, los guantes y el casco), le inmovilizaron las manos, lo subieron a punta de pistola a un auto (Ford) Falcon y se lo llevaron a pesar de la intervención de sus compañeros, del delegado de la fábrica y de los gritos de auxilio de Carlos”, narró Paulino Hernández, compañero de trabajo y testigo del hecho.
“Era un tipo alto, medio morochón, muy alto. Muy laburador también, trabajaba firme. Era un chico callado, tímido”, describe el hombre.

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