Elecciones Legislativas: "En términos de poder institucional hubo un empate"

Política 22 de noviembre de 2021 Por Red Online
El politólogo Facundo Cruz explicó cómo la última elección estabilizó la bicoalicionismo. ¿Por qué Juntos no desnivelará en el Congreso aunque sacó más votos?




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El politólogo Facundo Cruz ha profundizado el análisis sobre el fenómeno de las coaliciones políticas en la Argentina y ha identificado un ciclo de estabilización que se sostiene desde el 2015.

El destacado profesional, es uno de los coautores del libro “Polarizados”, una publicación impulsada y coordinada por Ignacio Ramírez y Luis Alberto Quevedo que reúne a diferentes profesionales de las Ciencias Sociales. Los investigadores, fueron invitados a analizar la “grieta”, desde múltiples dimensiones, a partir de la premisa de considerarla como una “ley de gravedad de la política contemporánea".

En una entrevista con INFOCIELO, Facundo Cruz nos ofrece algunas claves de lectura para un fenómeno político del bicoalicionismo que, en la coyuntura actual, redujo a la condición de “pasaje sin salida” a las opciones que transitan por la “ancha avenida del medio”.
Su análisis de las recientes elecciones legislativas y el equilibrio de poder institucional entre las fuerzas dominantes. Los bloques provinciales y el nuevo peso de los gobernadores para destrabar las discusiones que se avecinan en el Congreso.

Son varios autores que participan en el libro. ¿Por qué decidieron analizar la temática de la polarización?
El proyecto nace por iniciativa de Nacho Ramírez y “Beto” Quevedo. Ellos muy oportunamente estaban viendo que la polarización y la grieta era mencionada como algo negativo en la política argentina de los últimos años, como un impedimento para lograr consensos, pero que de repente todo el mundo la necesita. Tanto actores políticos como ciudadanos de a pie, constantemente apelan a la grieta y eso la convierte en lo que llaman la ley de la gravedad de la política argentina. Es algo que no la vemos, no está ahí palpable, pero marca la pauta del estado de las leyes de la política argentina. Y desde ese eje conductor, lo que hicieron fue convocar a cada uno de nosotros y nosotras para abordar la polarización desde distintas perspectivas y así nació el libro.

Así Ignacio Ramírez con María Esperanza Casullo ven la polarización en términos electorales y de la ciudadana. Le preguntaron a Emanuel Álvarez Agis cuál era la relación entre la polarización y la economía, un lugar en el que quizás se ve el aspecto más negativo de la polarización. También en términos de las redes sociales, como las personas se vinculan y allí aflora la polarización. Y después en términos del sistema político partidario y las bicoaliciones que es un poco el eje de mi artículo.

Cuándo hablan de polarización ¿también tiene que ver con un fenómeno de construcción de las identidades de cada espacio político?
Eso lo aborda Ignacio Ramírez con María Esperanza Casullo. Mi visión personal es que la polarización sirvió para consolidar identidades propias. La polarización nutre en ese sentido, a partir de la identificación y reduce las chances de lograr esos acuerdos. En la medida que la ciudadanía se identifica con un espacio, en oposición a otro, hace que los dirigentes políticos tengan menos incentivos en encontrar puntos de acuerdo.

En ese marco, ¿vieron una mayor intolerancia del votante que se identifica con Juntos?
En mi visión, no sé si hay más o menos intolerancia. Si es cierto que en Cambiemos empezó a confluir una porción del electorado que empezó a cuestionar desde la polarización ciertos consensos mínimos que había en la política argentina. Si vos dentro del espacio incorporas, por ejemplo, un discurso negacionista de los desaparecidos y hay dirigentes que salen con declaraciones en las que niegan a los desparecidos, ahí estás avanzando en un punto más allá de la polarización que era algo que no pasaba.

En la política nacional había un punto de consenso democrático, con una visión del Golpe de Estado y ahora hay ciertas licencias para poder cuestionar ese consenso. Desde ahí sí se puede decir que, desde un lado, hay una mayor intensidad en términos de polarización. Pero después me parece que la intensidad de la polarización se construye por oposición al rival.

Hay un estudio muy interesante, de hace dos o tres semanas, de la consultora Zuban Córdoba que hablaban de las identidades políticas. La mayoría de los consultados se definían como antimacristas o antikirchneristas. La identificación política se hacía por oposición al rival, no por identificarse como macristas o kirchneristas. En el espacio kirchneristas tenés casi una totalidad de antimacristas pero los identificados como kirchneristas son menos. Y lo mismo del otro lado.

¿El comportamiento de los votantes en la última elección siguió en esta tendencia de polarización o hubo algún repunte de las terceras fuerzas? ¿Qué lectura hacés de los últimos resultados?
Este proceso electoral, tanto en la paso como en la legislativa, consolidó un bicoalicionismo polarizado. Hay dos grandes coaliciones que no son partidos- lo fueron en la década del 80’- que concentran la mayoría del voto. Esto de acuerdo a los índices de fragmentación, que es lo que se analiza cuando medimos partidos – podes tener, uno, dos o cinco partidos que compiten pero no todos son importantes-. A partir de la proporción de votos que reciben, hay algunos partidos que son más relevantes que otros y hay ciertos cálculos matemáticos que te permiten sacar bien esa cuenta. A partir del índice de fragmentación, ves un sistema bicoalicional con una fragmentación un poquito por encima de lo que debería ser ese valor. El bicoalicionismo debería darte una fragmentación en torno a dos puntos y la legislativa dio una fragmentación en torno a tres puntos. Es una legislativa desdoblada y no está junto a una presidencial – ahí fue de 2,4- y ahora tenés un poquito más de fragmentación, pero esa tercera pata está regionalizada. No tenés una construcción nacional. El FIT quizás es la tercera pata más nacionalizada pero no tiene una potencia electoral para desafiar la concentración del 75% del voto a nivel nacional entre las dos coaliciones.

Y está el fenómeno de los libertarios/ liberales que también está concentrado regionalmente, en los principales distritos electorales como la Ciudad de Buenos Aires sobre todo y algo en provincia. Pero después en el resto de los distritos, no les fue bien. En Córdoba, Mendoza, La Rioja compitieron y no les fue bien.

Después aparecen las coaliciones más provinciales. Juntos Somos Río Negro, el Frente Renovador de la Concordia, el MPN o el peronismo de Córdoba que, por propia definición, están concentrados en esos distritos o provincias. Pero tampoco hubo ahí un espacio nacional de coordinación entre ellos. No tienen un discurso común aunque tal vez más pase con un interbloque en la Cámara de Diputados pero no aparece como una opción nacional.

Estas elecciones marcan una tendencia que empezamos a ver en el 2015, se consolida en el 2019 y ahora continúa bastante. Es un símbolo, porque en las elecciones de diputados nacionales no había una lectura nacional de los principales contendientes. El sistema pasó a un bicolicionismo polarizado y esa polarización es lo que la estabilizó. Y en cierto punto va en contra de lo que nos dice la teoría del sistema de partidos que se estudia en las Ciencias Políticas que dice que cuando vos tenés dos polos suele ser una anomalía teórica. En Argentina, estamos yendo contra esa teoría porque la polarización ayudó a estabilizar el sistema. Y eso a veces te genera dificultad de generar consensos como en la economía.

Con este escenario ¿quedaron entrampados espacios como el de Florencio Randazzo que ponderaban ir por una avenida del medio?
Cada elección que pasa confirma que eso que era la ancha avenida del medio termina siendo un pasaje sin salida. Todo lo que empezó con el massismo en 2015, cuando había un caldo de cultivo. Pero eso empieza a desmembrarse en términos electorales porque los dirigentes se van metiendo en las grandes coaliciones. Sergio Massa se suma al Frente de Todos. Pichetto a Cambiemos. Margarita Stolbizer, que había armado en 2017 una coalición con Massa por la avenida del medio, se fue a Juntos. Cada uno de los actores que abogaron por este espacio terminan dejando flaco de recursos y estructuras políticas. Y no son espacios que necesariamente van por el centro ideológico. Lo de Randazzo se nota porque su elección es peor que la que había hecho en 2017. Y eso pasa porque ya no cuenta con estructura territorial peronista que si la supo usar en 2017, con buenos resultados en la cuarta sección electoral. Y este año no le fue bien, porque el grueso de la estructura peronista está dentro del Frente de Todos. Le quedó la estructura de Movimiento Libres del Sur, el Partido Socialista y los vecinalistas. Ese espacio quedó flaco pero no significa que a futuro siga siendo así. El bicoalicionismo va a seguir funcionando en tanto la dirigencia tenga incentivos para estos espacios y el electorado lo valore y retribuya con votos. Pero esto en cualquier momento puede cambiar, si hay rompimientos en las coaliciones.

¿Qué opinión te merece la interpretación del resultado electoral que hicieron estas fuerzas políticas polarizadas. El ¿Qué festejan si perdieron? de la oposición y el “ganamos perdiendo” del Gobierno.
Más que una discusión política, parece una discusión de la Real Academia Española. Eso te marca la pauta del pulso y la calidad de la discusión política en la Argentina. Vas a ver los datos electorales en términos de votos y el ganador fue Juntos por el Cambio a nivel nacional. Ahora, si los dos dicen que ganaron eso te lleva a que sea un empate. Y si vas a ver los cargos públicos, la situación termina en un empate.

Es cierto que le peronismo pierde el quórum en el Senado pero Juntos por el Cambio no los supera en bancas. Y lo mismo pasa en Diputados. Juntos puso en juego 60 bancas y las renovó pero no ganó más y no supera al Frente de Todos. El FdT tampoco logra tener la mayoría propia. Con lo cual en términos de la distribución del poder institucional, las dos coaliciones quedan más empatadas que lo que estaban antes. Y van a necesitar de otros espacios para lograr acuerdos y el Congreso que se nos va a venir en estos dos años.

Para destrabar esta situación de empate, la clave van a ser los bloques provinciales. Y ahí va a empezar una negociación a tres bandas. No va a ser el Poder Ejecutivo directamente con los legisladores, sino que se van a meter los gobernadores. Provincias como Misiones, Córdoba, Río Negro o Neuquén van a estar destrabando las reformas que necesite implementar el gobierno nacional o aquellas que impulse la oposición y que obligue al Ejecutivo a vetar las leyes que consigan. No es algo que haya pasado con frecuencia en la Argentina, porque la iniciativa legislativa suele recaer en el Ejecutivo y es difícil que la oposición impulse iniciativas legislativas y fuerce el Ejecutivo a vetar pero puede ser una posibilidad. Por eso, yo veo más que nada un empate. Los votos se distribuyeron de una manera pero no se traducen en poder institucional y en ese sentido hubo empate.

Ahí entró en juego también los resultados de las Paso y fue el parámetro para las nuevas expectativas
Exacto. Por eso había visiones triunfalistas en el bunker del Frente de Todos. Había una cara de resignación y derrota muy fuerte en las PASO porque no esperaban ese resultado. Pero si vas a ver la comparación con 2017 y lo que fue Unidad Ciudadana, el Frente de Todos le rompió el piso a Cristina. Había una pérdida de votos generalizada sobre todo en el Conurbano. Y si rompés el piso de Cristina y el capital político que tenía para armar el Frente de Todos era un tema importante. Y de hecho deriva en la carta de Cristina. Ahora con la construcción de ese piso, porque se llegó a los niveles de 2017, hubo satisfacción porque tenés un piso desde donde construir. Pero sigue siendo un síntoma no poder desde ahí generar más potencia hacia adelante y seguir creciendo. El piso y el techo es muy cercano. Podés estar contento por reconstruir este piso, pero si el techo no se eleva te plantea un desafío importante para 2023.

Del otro lado, las caras invertidas en Juntos. Pensaron que iban a tener una topadora electoral y que iban a arrasar contra el gobierno, con una señal muy clara. Y se encontraron con un límite, porque el crecimiento entre la PASO y la legislativa no fue tan grande como esperaban. De hecho, en la ciudad de Buenos Aires crecieron 2 mil votos nomás. Por eso las caras invertidas.

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