Murió Landrú, destacado dibujante y humorista gráfico

Espectáculos 07/07/2017 Por
Juan Carlos Colombres murió a los 94 años, informó oficialmente la fundación que lleva su nombre. Fue el creador de la revista Tía Vicenta, que comenzó su tirada a fines de la década del '50 y que fue famosa por sus caricaturas del dictador Juan Carlos Onganía como una "Morsa".
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El destacado dibujante y humorista gráfico Juan Carlos Colombres, conocido popularmente con el seudónimo de "Landrú", falleció a los 94 años y dejó como legado una obra que reflejó la historia política y social de la Argentina durante más de siete décadas.

 

La noticia fue confirmada esta mañana por la Fundación Landrú, que precisó que el dibujante -como le gustaba que lo presentaran- murió ayer en la ciudad de Buenos Aires rodeado de su familia.

 

La mirada ácida y punzante que tenía Landrú de la realidad argentina se reflejó a la perfección en su creación más emblemática, que fue la revista de actualidad política Tía Vicenta, pero también fue la excusa de la dictadura de Juan Carlos Onganía para censurarlo, enojado por su caricaturización como una morsa.

 

Con su estilo absurdo reflejado en caricaturas de trazos simples, también se lució con su humor en publicaciones exitosas como fueron las revistas Rico Tipo, Vea y Lea, El Hogar, Loco Lindo, Medio Litro, Leoplán, Dinamita, Mundo Argentino, Popurrí y Patoruzú, entre otras.

 

El humorista nació el 19 de enero de 1923 en la ciudad de Buenos Aires y publicó su primer dibujo en 1945, en la revista Don Fulgencio, que dirigía Lino Palacio, aunque su pseudónimo de Landrú recién lo adoptó dos años después, en 1947.

 

Desde ese momento no paró más: en 1957 se convirtió en el primer libretista de Tato Bores y fundó la revista Tía Vicenta, que comenzó con una tirada de 50.000 ejemplares; en 1968 publicó la revista Tío Landrú, y cuatro años después, en 1972, ingresó al diario Clarín, donde publicó sus dibujos hasta 2007.

 

En este camino de éxitos se tropezó con Onganía, que en 1966 ordenó el cierre de Tía Vicenta molesto por una caricatura que hizo de él. La censura no lo detuvo y la revista volvió a publicarse primero con el nombre María Belén y luego tuvo una fugaz reaparición con su nombre original en 1977, durante la última dictadura militar.

 

Con su lenguaje desopilante y atrevido, Landrú también fue el encargado de ponerles los apodos de "La morsa" a Onganía, de "El chancho" a Álvaro Alsogaray, de "La jirafa" a Arturo Frondizi y de "La tortuga" a Arturo Ilia.

 

Eso no fue todo: también introdujo la sigla G.C.U. (Gente Como Uno), como una expresión satírica para hablar de los gustos y costumbres de las clases sociales más altas. Su humor fue destacado en 1971, cuando recibió el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia, otorgado por primera vez a un humorista; en 1982, con el premio Konex, y en 2003, cuando fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Legislatura porteña, entre otros reconocimientos.

 

En 1994 le tocó vivir un mal momento, cuando ladrones ingresaron a robar a su casa y le dispararon en la mano derecha, que era la que utilizaba para dibujar, por lo que tuvo que someterse a varias operaciones para volver a trabajar.

 

Muchos de sus emblemáticos personajes como Jacinto W., el señor Porcel, la familia Cateura, María Belén y Alejandra revivieron en 2014 cuando se publicó el libro "Landrú, el que no se ríe es un maleducado", editorial Alph.

 

El mismo año en el que su hijo Raúl y su nieto Gonzalo abrieron las puertas de la Fundación Landrú, que es una organización sin fines de lucro que tiene como objetivo mantener vigente toda la obra del humorista a partir de la digitalización.

 

La que el año pasado estuvo de cumpleaños fue su creación más representativa, "El gato", que de personaje secundario pasó a formar parte de su firma y el año pasado cumplió 70 años.

 

Según su familia, Landrú pasó sus últimos años en su casa del barrio porteño de Recoleta, donde estuvo siempre rodeado por su familia.

 

Destacaron que aunque por su avanzada edad en los últimos meses salía poco, recibía visitas de amigos y familiares y se mantenía informado sobre las noticias de la actualidad nacional e internacional, con la que seguramente se le ocurrió más de un chiste.  

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