Murió Ernestina Herrera de Noble: marcó una época en los medios

Nacionales 14/06/2017
Bajo su dirección desde 1969, Clarín se convirtió en uno de los diarios más importantes de habla hispana.

Dirigió Clarín durante casi medio siglo. Lo hizo para continuar las ideas y los propósitos del fundador del diario. Bajo la conducción de Ernestina Herrera de Noble, que murió hoy a los 92 años, Clarín se transformó en el diario de mayor tirada de habla hispana y dio origen al surgimiento del Grupo Clarín, uno de los principales multimedios de América Latina con participación en radio, televisión abierta y por cable, en la industria gráfica, en Internet y en el amplio mundo de las telecomunicaciones.

La señora de Noble fue la primera mujer en hacerse cargo de la dirección de un diario de venta masiva en esta parte del continente. Se puso al frente de Clarín el 21 de enero de 1969, apenas nueve días después de la muerte de su esposo y fundador del diario, Roberto Noble. Alguna vez, Ernestina recordó cómo fue aquel día iniciático: “Estaba angustiada, pero al mismo tiempo llegué con una tremenda determinación: debía continuar la obra de Noble. No imitándolo, porque las personas son insustituibles y cada uno tiene su estilo. Pero sí teniendo presentes sus principios. Recuerdo que ese día todo el personal del diario se reunió en la sala de redacción. Eran varios centenares de personas. Alrededor de las siete de la tarde di un mensaje y luego invité a todos a continuar con la edición, como todos los días”.

El país no le iba a dar mucho respiro. Apenas a cuatro meses de aquella tarde de enero, el estallido conocido como el “Cordobazo” iba a cambiar para siempre el mapa de la protesta social en la Argentina, además de sentenciar al fracaso el gobierno del dictador Juan Carlos Onganía, cabeza de la llamada “Revolución Argentina”. Al mes del Cordobazo, el asesinato del dirigente metalúrgico Augusto Vandor iba a disparar una espiral de violencia, agigantada un año después por el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu.

Inicios

Ernestina Herrera nació en Buenos Aires el 7 de junio de 1925. Su padre, Juan Herrera, cordobés, era profesor de Filosofía y Letras y su madre, María del Carmen Morales, una valenciana concertista de piano que nunca ejerció como tal. Ernestina fue la menor, y la más mimada, de seis hermanos, cuatro de ellos mujeres. Estudió la primaria en la escuela Guido Spano y la secundaria en un colegio de Flores, Ana María Janer. Como recordó alguna vez en uno de los escasos reportajes que concedió, conoció a Noble durante un crucero por el río Paraná: “Fue en 1946. Yo iba en un barco con un grupo de amigos y de pronto pasa el “Tenondé”, el primer barco que tuvo mi marido. Alguien de mis amigos lo saludó y entonces Noble nos invitó a pasar al barco de él. Allí surgió una simpatía que se acrecentó con el tiempo, aunque no nos veíamos frecuentemente. Me impresionó de él su talento, no su belleza. Un hombre se transforma en hermoso cuando tiene algo importante que decir. Y mi esposo lo tenía”, reveló en 1970.

Se casaron el 27 de julio de 1967, en una ceremonia oficiada por el entonces cardenal primado de la Argentina, monseñor Antonio Caggiano. Un año y medio después, ya viuda, Ernestina Herrera se hacía cargo de la dirección de Clarín.

Desde entonces, el compromiso que asumió fue el de llevar adelante los ideales del fundador de Clarín y el de llevar al diario a ser uno de los medios de mayor venta, prestigio e influencia del continente, hasta convertirlo en el octavo de mayor tiraje en el mundo.

Identificó a Clarín con el hombre de la calle, con el argentino medio, con el hombre común.

“Con el argentino y la argentina que pelean a brazo partido para llegar a fin de mes, con quien tiene dos trabajos para poder darle una buena educación a sus hijos, con esa mujer que renuncia a un vestido para hacerle la fiesta de quince a su hija, con ese señor que hace el secundario de noche”, dijo en 1990. “También pretendemos humildemente -agregó en un reportaje para la revista Somos- presentarle al país nuestros puntos de vista, nuestra forma de ver el país”.

Acaso con certera intuición, aunque sin sospechar la odisea que iba a atravesar pocos años después, definió entonces las relaciones de Clarín con los poderes públicos: “Ha habido momentos buenos y momentos malos con los distintos gobiernos. Y seguro que en el futuro será igual. En general, siempre ha sido la relación que corresponde a un medio de prensa importante, y en esa relación nuestro interés principal siempre ha sido conservar un espacio de independencia”.

Fundamentos

Veinte años antes, en circunstancias muy diferentes (y en el 35° aniversario del diario), la directora de Clarín había expresado los mismos afanes de independencia profesional y el mismo desafío a cimentar el desarrollo del país. Y tres años más tarde, en vísperas del retorno a la democracia, tras el triunfo electoral del peronista Héctor J. Cámpora el 11 de marzo, y días antes de su asunción, el 25 de mayo, un editorial de Ernestina Herrera volvió a definir los férreos lineamientos libres y autónomos de la publicación. El 17 de abril de 1973, escribió: “Clarín es un órgano periodístico independiente, objetivo e imparcial, y no sujeto a condicionamientos con nada ni con nadie. Ratifica para ello su compromiso indeclinable con los intereses de la Nación”.

El país estaba entonces conmovido por la violencia política y en el lapso de seis meses iba a estar sacudido por esa violencia que golpeó incluso a Clarín. En septiembre de 1973 un comando del ERP 22 de Agosto, una fracción escindida de la guerrilla trotskista, secuestró a un ejecutivo de Clarín para obligar al diario a publicar tres solicitadas. El mismo día en que fueron publicadas, una de ellas en la portada, un comando de la ultraderecha peronista, presumiblemente integrado en su mayoría por matones sindicales, armados con ametralladoras y fusiles, tomó por asalto la sede del diario, ametralló sus cristales, agredió a sus empleados, arrojó bombas molotov que desataron un principio de incendio. El objetivo era llegar a las rotativas y destruirlas con bombas, pero no pudieron acceder a las máquinas.

El timón de Clarín, en manos de la viuda de Noble y en medio de aquellos mares procelosos, no se apartó un milímetro de sus postulados en defensa del estado de derecho, de la paz social, de la concordia y, de nuevo y siempre, del desarrollo de la Argentina.

Ruptura

El 12 de enero de 1982, décimo tercer aniversario de la muerte de Roberto Noble, su viuda dio un golpe de timón: sin romper con los principios fundacionales de Clarín, de impulsar el desarrollo argentino, el diario puso distancias con el MID (Movimiento de Integración y Desarrollo), heredero de la vieja UCRI que en 1958 había llevado a la presidencia a Arturo Frondizi. Aquel día, por sorpresa y frente a los periodistas reunidos para la ocasión frente al busto de Noble en la redacción del diario, Ernestina Herrera dijo:

“(…) Esa es nuestra misión fundamental: hablarle al país para decirle a sus hombres, sean gobernantes o simples ciudadanos, que la felicidad de los argentinos estará garantizada sólo por una Nación poderosa, en la cual sus riquezas dejen de ser, de una buena vez, potenciales, para convertirse en reales. (…) Por ser lo que somos, entonces, tenemos también otro compromiso, asumido con nuestro Fundador y con nuestra enorme legión de lectores: ser objetivos, amplios, colocando siempre los espacios de nuestras páginas a disposición de todos los sectores representativos de la vida nacional. (…) Sabemos, al mismo tiempo, que eso conlleva una responsabilidad también creciente, que no es otra que la de garantizar la claridad impoluta de nuestra información, de nuestras posiciones y de nuestros análisis. Todo ello es el único compromiso que tiene mi dirección. El diario está abierto a todas las expresiones y corrientes del pensamiento nacional, es amigo de todos y no tiene amigos privilegiados. Clarín nació para propulsar un país distinto, grande y libre (…)”.

Menos de tres meses más tarde, estalló la Guerra de Malvinas que Clarín cubrió sin dejarse llevar ni por el voluntarismo, ni por los mensajes exaltados ni por el optimismo impuesto por la dictadura; por el contrario, intentó atenuar el exitismo sin dejar de reflejar la adhesión ciudadana que despertó, en principio, aquella aventura militar.

Vuelta a la democracia

Tras la larga noche de la última dictadura, Clarín retomó su prédica, silenciada como estuvo el resto de la prensa. El 30 de octubre de 1983, el día en que los argentinos volvían a elegir un gobierno democrático Ernestina Herrera de Noble escribió un editorial que describía a un país postrado y abatido. Ese retrato tiene hoy dramáticas resonancias porque no parece haber sido escrito hace 34 años: “La debilidad estructural del país consistente en el subdesarrollo de su economía, contaminó a todos los otros sectores que no eran inmunes al mal: hoy, por doquier se mire, hacia la educación o hacia el sistema hospitalario, hacia los servicios públicos o la vivienda popular, hacia cualquiera de los parámetros que permiten medir el progreso social, se advierten graves falencias, cuando no ruinas”.

Más adelante precisó: “(…) Vemos niños mendigando por las calles; ancianos abandonados; ollas populares; enfermedades sociales que estaban erradicadas y ahora retornan; escuelas donde la no deserción depende del ofrecimiento de un plato de comida; hospitales carenciados, padres que se desesperan por no poder ofrecer a los suyos las condiciones elementales de la subsistencia”. El país a ser salvado ese día, cualquiera fuese el signo del gobierno a surgir, afirmó, “Será el trabajo paciente de todos los días. Del gobierno, desde luego. Pero también de todos los integrantes de la comunidad, abocados a reconstituir el tejido social desgarrado”.

Fuente: SM - Clarín

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