La unidad sindical

Tu columna 22 de agosto de 2016 Por
El titular del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria y abogado laboralista, Héctor Recalde, opinó sobre la unificación de la CGT.
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Por Héctor Recalde (*)

Tengo dicho desde hace tiempo que cuando hay cinco confederaciones sindicales, no hay ninguna. Y que las rupturas fueron "cupulares" ya que las bases, los trabajadores, no mantienen entre sí las diferencias que tuvieron sus dirigencias. 

En la base, aún reconociendo los matices que existen en una heterogénea composición de la clase trabajadora y los diferentes posicionamientos de política sindical al interior de cada gremio, existen predominantemente intereses comunes, y consciencia de tal comunidad.

Las distintas CGT se encuentran en proceso de unidad, y las dos CTA en un acercamiento que desplaza las diferencias que otrora llevaron a su fractura.

Estos procesos son recibidos con beneplácito tanto por los trabajadores y sus representantes como por todos quienes estamos convencidos de que la representación de los intereses sectoriales de los asalariados se ejerce a través de sus organizaciones gremiales.

La realidad política de nuestro país a partir de diciembre de 2015, las medidas económicas adoptadas por el gobierno del Presidente Macri y sus consecuencias sobre los trabajadores pusieron en negro sobre blanco el abismo que existe entre lo principal y lo accesorio.

La pérdida del poder adquisitivo del salario (derivada de la conjunción explosiva de la devaluación de nuestra moneda, la reducción y supresión de retenciones, la suba de tarifas de servicios públicos, y la estampida inflacionaria que según consultoras privadas estará este año entre el 43% y el 46%), los despidos masivos tanto en la actividad privada como en el sector público (con el indigno agravante de estigmatizar como "ñoquis" a los trabajadores despedidos), el veto presidencial a la ley que prohibía los despidos arbitrarios que constituyen actos ilícitos, las menciones del presidente en contra de las conquistas laborales (tales como la reducción de la jornada de trabajo), sus quejas contra la Justicia del Trabajo (creada en 1944 por el Cnel. Perón) y la posibilidad de vislumbrar en sus reclamos la intención de travestirla en un fuero patronal, y el desparpajo con el cual la tribuna de doctrina de los sectores económicos dominantes –a los que responde el gobierno nacional- postula la "necesidad" de desarticular toda la legislación protectoria de los trabajadores y convertir tanto a las leyes como a los sindicatos en instrumentos al servicio de los sectores empresarios, son claras demostraciones de que, políticamente, no existen standares ni conquistas irrevocablemente adquiridas. Es decir volver a la flexibilización laboral.

La inexistencia de un contrapoder sindical fuerte es una de las condiciones de posibilidad para la regresión en los derechos y condiciones de vida. 

Por eso para evitar tales regresiones es indispensable el fortalecimiento de sus organizaciones sindicales; y éste solo puede provenir de la unidad.

Los sectores dominantes de la economía saben bien concentrar poder para el logro de sus reivindicaciones sectoriales comunes (aunque sean injustas para la sociedad) y dejan en segundo plano sus diferencias.

Para frenar los embates de un poder económico concentrado es indispensable concentrar también el poder de los trabajadores y sus sindicatos.

La dispersión y atomización de las entidades sindicales a nivel confederal debilita el poder sindical a nivel macro –nivel en el que se deciden las políticas públicas-. Su Unidad constituye de por sí un valor en tanto es un requisito indispensable para que el accionar gremial pueda convertirse en un valladar al avance de los sectores dominantes de la economía y contra la degradación de los derechos laborales y sociales.

La forma en que se cristalice la unidad a nivel de secretariado general (unipersonal, bifronte, triunvirato, tetrarquía) no me parece esencial y será oportunamente resuelto por los propios cuerpos orgánicos que merced a un programa aprobado por el congreso en similitud por Ejemplo : al programa de la Falda, al de Huerta Grande y los 25 puntos de Saúl Ubaldini; confío que adoptarán la modalidad más conveniente para esta coyuntura; lo que sí creo indispensable es que la conducción colegiada posea la mayor amplitud posible de forma de contener a, y enriquecerse con todos los sectores de forma de reflejar, procesados democráticamente, todos los matices accesorios detrás del unívoco interés colectivo.

La unidad del movimiento obrero, al fortalecer su poder de conflicto y negociación, potencia la mejor defensa del interés común de los trabajadores.

(*) Titular del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria y abogado laboralista.

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