Fiebre amarilla: brote obliga a extremar medidas en Sao Paulo

Nacionales 31 de enero de 2018 Por
Un brote de fiebre amarilla acercándose a áreas urbanas del estado brasileño de Sao Paulo obligó a extremar medidas para contener el pánico y la enfermedad.
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Largas filas en los hospitales, escasez de vacunas, parques cerrados y más de 50 muertos en 2018: un brote de fiebre amarilla acercándose a áreas urbanas del estado brasileño de Sao Paulo obligó a extremar medidas para contener el pánico y la enfermedad.


Los números de la Secretaría de Salud regional a simple vista asustan: el estado de Sao Paulo registró 53 casos y 16 muertes por fiebre amarilla en todo 2017, pero en las primeras semanas de 2018 el balance casi se triplicó llegando a 134 casos y 52 muertes.


Sao Paulo encabeza esas preocupantes estadísticas este año, seguido por los estados Minas Gerais y Rio de Janeiro, en el segundo brote consecutivo en el sureste del país.


En 2017, Brasil registró 777 casos y 261 muertos en el primer semestre, correspondiente a las estaciones cálidas, cuando la enfermedad se manifiesta con más fuerza.


Durante las últimas semanas, cientos de personas pasaron horas haciendo filas frente a los centros de vacunación en Sao Paulo. La demanda inesperada acabó con el stock y aumentó el nerviosismo en el estado más poblado de Brasil (45 millones de habitantes).


Para evitar tumultos y garantizar la inmunización en las áreas de riesgo, las autoridades adelantaron una campaña de vacunación pero restringieron su alcance a las zonas más expuestas, y fue necesario entregar números casa por casa, limitando el cupo a los residentes de esas áreas.


La escasez también llevó a las autoridades a fraccionar las vacunas, aplicando una quinta parte de la dosis por persona, con una validez -afirman- de hasta ocho años, mientras la dosis integral dura de por vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).


"Liberamos la dosis fraccionada ante el riesgo de no tener vacunas", afirma Marcos Boulos, coordinador del Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud del Estado.


El ministro brasileño de Salud, Ricardo Barros, negó que hubiera escasez y aseguró a la AFP que "todos los brasileños podrían ser vacunados en sesenta días si fuese necesario".


Por ahora en la ciudad de Sao Paulo solo es posible vacunarse en los centros de salud incluidos en la campaña. Los demás centros médicos exhiben carteles que advierten: "No hay vacunas".


Las clínicas privadas, que cobran hasta 200 reales (USD 60 dólares) por la dosis, que es gratuita en el sistema público, esperan un nuevo stock a fines de febrero.


"Estamos preocupados porque no hemos conseguido vacunarnos", comentó Maria Pereira, una secretaria de 33 años que buscaba la dosis en clínicas privadas de un barrio rico de la ciudad.

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