Miguel Lifschitz apelará a su capacidad para salir de tres frentes de tormenta

Provinciales 13 de noviembre Por
Tres frentes de ataque tiene el gobierno del Frente Progresista santafesino: las reformas impulsadas por la Nación, la necesidad de cambiar el gabinete para contrarrestar el mal humor demostrado en las elecciones, y el conflicto con la Justicia tras las escuchas telefónicas al ministro Maximiliano Pullaro.
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La gestión del gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, transita un fin de año agitado, con los coletazos de la derrota legislativa y alejado definitivamente de un sector del radicalismo que fue clave para sostener el Frente Progresista Cívico y Social.

A su vez, el gobernador Lifschitz debe resolver el recambio de su Gabinete, tratar de contener los embates de Nación ante las pretendidas reformas que reclama a las provincias e intentar apagar el fuego de otro escándalo en torno a la seguridad, uno de los asuntos siempre cuestionados en las gestiones socialistas. Las urnas marcaron en octubre una clara advertencia al FPCyS: la gente demostró que pretende un cambio después de 28 años de gestión en Rosario y de 10 en la provincia. 


Lifschitz tomó nota y prometió renovar su cuerpo de ministros para revertir ese malhumor social contra la fuerza política que representa.

Además, busca con esa decisión un doble objetivo: oxigenar el equipo de trabajo y mostrar una modificación hacia afuera, pero también cerrar las heridas internas. El sector radical que sostuvo la alianza con el socialismo y rechazó sumarse a Cambiemos se lo reclama.

Pero cuando Lifschitz pensaba sentarse a resolver esa cuestión algunos otros temas le ocuparon la agenda. El primero fueron los anuncios del presidente Mauricio Macri, dispuesto a avanzar con reformas que agitan las economías provinciales. La semana que se inicia será clave para avanzar en ese tema y el socialista sabe que la pulseada la ganará quien se impuso en las elecciones. Y esa compulsa quedó claramente saldada en favor del Gobierno nacional. El mandatario provincial se contenta al menos con equilibrar un poco los reclamos de Nación.

Mientras el socialista participaba del viaje presidencial un escándalo estalló en la provincia vinculado, además, con uno de los puntos débiles de las diferentes gestiones del FPCyS: la seguridad. Unas escuchas telefónicas que se filtraron exhiben al ministro del área, el radical Maximiliano Pullaro, dialogando con un policía que luego sería apartado de su función por un aparente acto de corrupción en la liquidación de horas extras.

La noticia de que el teléfono del ministro estaba intervenido y el tenor de los diálogos que se dieron a conocer, generaron un nuevo cruce entre el poder político y la Justicia. 
Lifschitz salió en su auxilio: lo respaldó y se sumó a la teoría de una operación para desgastar el trabajo del ministro y a su propia gestión.

EL INFORME.

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