Mientras Venezuela se hunde, sus atletas vuelan alto

Deportes 09 de agosto Por
Robeilys Peinado y Yulimar del Valle Rojas hicieron historia para el deporte venezolano más allá de la crisis social, política y humanitaria que vive su país.
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A lo largo de la historia de los campeonatos mundiales de atletismo –que se inicia en 1983- Venezuela no sólo nunca había disfrutado de una medalla sino que, ni siquiera, había colocado algún representante entre el top 8 de los finalistas. Esa historia se dio vuelta en apenas dos días, cuando Robeilys Peinado en salto con garrocha con su (sorpresiva) medalla de bronce y Yulimar del Valle Rojas en salto triple con su (más previsible) título en salto triple, colocaron a Venezuela en los primeros planos de este campeonato que se viene desarrollando en Londres.

Lo más notable es que esta fulgurante aparición en uno de los deportes más exigentes y competitivos se da con un país que se hunde en la crisis y la represión. Aunque algún chavista despistado, o el propio Maduro, quieran sacar algún rédito “promocional” en todo esto, la realidad pasa por otro lado.

Los venezolanos siempre contaron con talentos atléticos, especialmente en pruebas como los saltos (Asnoldo Devonish fue medalla olímpica de triple en 1952) y velocidad (con dos relevos que llegaron a las finales de los Juegos a comienzos de los 60). Pero era un talento algo “anárquico”, desorganizado. En las últimas décadas, un trabajo federativo mucho más serio fue ordenando aquel semillero. Así surgieron, entre otras, Peinado y Rojas. La primera, oriunda de Caracas, incursionó en la gimnasia en su época infantil y de allí pasó rápidamente al salto con garrocha, donde fue campeona mundial sub 18 (en 2013) y subcampeona mundial sub 20 (el año pasado). Pero nadie la esperaba tan alto en Londres, ante rivales más duras, experimentadas y con antecedentes –en su mayoría- sobre los 4,80 metros, veinte centímetros por arriba de los registros regulares de Peinado. Su medalla de bronce es una verdadera hazaña.

Rojas, hija de deportistas, también dudó entre el vóleibol y el atletismo, hasta que se decidió por los saltos (alto y largo, primero, triple últimamente). Bajo la guía de un entrenador cubano que es una verdadera leyenda del atletismo –Iván Pedroso- en poco más de un año y medio se colocó a la par de la reina de la disciplina, la colombiana Caterina Ibargüen. Después de ganar el título mundial bajo techo y de atravesar por primera vez la frontera de los 15 metros en triple, Rojas protagonizó con Ibargüen uno de los grandes duelos de Rio 2016. Allí la colombiana celebró su ansiado título olímpico (el único que le faltaba). Pero la progresión de Rojas no se detuvo y todo estaba dado para la reedición de aquel duelo en Londres, que se definió por muy poco: ahora Rojas adelante, Ibargüen con medalla de plata.

La crisis –política, social, humanitaria- que golpea a Venezuela, también golpea a sus deportistas. La Federación Atlética alcanzó a enviar a Peinado, hace más de un año, a prepararse en Polonia, donde ahora reside. Y Rojas se radicó en Guadalajara, cerca de Madrid, para entrenar con la “factoría” de Pedroso. Otras calificadas atletas venezolanas no alcanzaron a salir. Por ejemplo, la finalista olímpica de martillo, Rosa Rodríguez, quien este año prácticamente no pudo competir: según explicaron en el Sudamericano de Asunción, “no le alcanzaban las proteínas en su alimentación” para un entrenamiento adecuado. Muchas de las competencias internas y de la detección de talentos, tuvieron que suspenderse, y varios de los seleccionados juveniles fueron privados del viaje a las competiciones internacionales. En ese marco, y ante tantas dificultades, es aún más valioso que el atletismo de Venezuela esté brillando como nunca, con estos estandartes llamados Peinado y Rojas. Son, también, un orgullo para todo el atletismo sudamericano.

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