Cristina prepara el desembarco en el Senado y le mete presión a Pichetto

Política 05/08/2017 Por
La ex presidenta dice que no romperá el bloque, pero los históricos no quieren obedecerla.
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La llegada de Cristina Kirchner al Senado en diciembre próximo empezó a alterar el bloque del PJ que Miguel Pichetto conduce hace 16 años, trayectoria que no le impidió ser desautorizado por sus pares en la última sesión, un síntoma de la interna peronista tan habitual en la Cámara alta si esa fuerza está lejos de la Casa Rosada. 

Nervioso, ese día Pichetto sobreactuó su furia cuando José Mayans (Formosa), José Alperovich (Tucumán) y la camporista María de los Ángeles Sacnun (Santa Fe) frenaron una ley para extender la tarjeta Argenta a los beneficiarios de planes sociales.

El rionegrino la había acordado su reunión semanal con el macrista Federico Pinedo y juraba haberla comentado con sus compañeros. "Voy a pensar bien qué hago en el futuro", gritó desde su banca y nunca más apareció, ni siquiera al enterarse, en su despacho, que el radical Juan Carlos Marino había levantado abruptamente la sesión para evitar la anulación de un decreto presidencial. Tampoco fue a la reunión del bloque realizada minutos después. 

El incidente, comentado hasta hoy en los pasillos, abrió un debate entre los senadores peronistas sobre cómo será la conducción de Pichetto con Cristina a su cargo. 

Con los pronósticos vigentes, Cristina controlará de manera directa al menos una decena de 30 senadores que tendría el peronismo, que con sus aliados llega a los 40. Pero esta influencia podría ampliarse por el diálogo que retomó con algunos gobernadores. 

Saben que la ex presidenta llegará ultra recargada si gana en octubre, pero no la imaginan de perfil bajo si asume tras una derrota ajustada con el Gobierno. Y no hay un escenario electoral que la deje fuera del Senado. 

Con los pronósticos vigentes, Cristina controlará una decena de los 30 senadores que tendría el PJ-FpV en diciembre, una cifra ficticia para los líderes de Cambiemos, porque persistirán aliados eventuales como santiagueños, cordobeses, chubutenses, misioneros o pampeanos.

"Hoy el FpV-PJ figura con 36, uno menos que el quórum, pero superan los 40. Y siempre amagan con romper pero no rompen, porque les gusta manejar la agenda", se escuchó a uno de los líderes oficialistas del Senado, donde Macri en el mejor de los casos superará la línea de 20 votos propios.

La ex presidenta se hizo eco del ruido que provocó su retorno al Senado y tranquilizó a varios de sus dirigidos, un grupo que jamás superó las 15 bancas y tuvo como fiel representante a la santacruceña Virginia García, cuñada de Máximo Kirchner y con mandato hasta diciembre.

"Yo voy a hablar con todos y no voy a fracturar el bloque", garantizó, pero el mensaje no calma a los históricos que no esperaban volver a verla y saben, por experiencia, que no será fácil callarla. Y podrían sufrir un alto costo político en sus provincias si la echan del bloque, un golpe que ya sufrió Cristina en los 90, cuando nadie la imaginaba presidenta de la Nación. 

"Esta vez la podemos acorralar si piden su desafuero. Nos va a necesitar", amenazaron esta semana, en uno de los almuerzos en el comedor de la Cámara alta.

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